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    Cuando comencé a escribir esto mi vida era un tanto distinta a lo que estoy experimentando ahora. Eso fue en enero, a pocos días de que se llevara a cabo el día de la “lucha contra la depresión”. Curiosamente justo durante esa jornada, volví a ver a mi psiquiatra después de más de un año sin habernos visto, más o menos el mismo tiempo en que mi psicóloga me dió el alta (no estoy segura si fui a esa última sesión, pero ya lo habíamos hablado) de mi tratamiento por Trastorno Obsesivo.

    Esta nueva reunión fue distinta. A diferencia de cómo me conoció Carolina, esta vez no estaba llorando desesperada, ni afónica, ni desesperada por terminarlo todo. Desde hace ya bastante tiempo que había notado que esa última combinación de antidepresivos había estado funcionando, y aunque siempre da miedo decir que una se “siente feliz”, puedo decir con bastante seguridad que en ese momento no estaba ni un poco cómo era años anteriores. Y eso, después de tanto tiempo mal y confundida, y genuinamente sufriendo, fue algo nuevo para mí.

    En septiembre, sin embargo, tuve algún tipo de descompensación, y hoy nuevamente estoy con apoyo de mi psicóloga y de un medicamento (lo cuál se sigue sintiendo como una victoria, comparado a los cuatro o cinco de los que dependí en algún momento). La vida es una montaña rusa, ¿no? Y ningún proceso es lineal. 

    Pienso que quizá por eso últimamente me he sentido más cercana a la niña que fui hace unos 10 años. Me he inscrito a talleres para hacer multitud de actividades que siempre quise hacer y nunca tuve, entre tanta tristeza y desesperanza, la oportunidad de atreverme. 

    He empezado a cantar, a bailar, a hacer ejercicio, a dibujar y pintar, a escribir. Incluso mi trabajo me apasiona más que hace un año. He vuelto a estudiar también, y esa es una de mis cosas favoritas. También he empezado a pasar menos tiempo en la cama, y más con mi familia y amigos. 
    Todo esto a pesar que he desarrollado un montó de problemas de salud que hacen que me canse más rápido y tenga menos energía. Supongo que la determinación mental es un poco más fuerte que el cuerpo. Por eso es tan importante contar con las herramientas para tratarse. 

    Hoy, al igual que en enero, siento nuevamente que estoy retomando las riendas de mi vida, pero también sé que no estaría aquí, en estas condiciones y con esta disposición si no fuera por el largo camino que he recorrido luchando contra el trastorno obsesivo compulsivo. 

    A raíz de eso, volví a terminar de escribir este texto. Octubre es el mes internacional de la concientización del TOC, una enfermedad mental que en muchos casos llega a ser incapacitante para desarrollar una vida normal. Según expertos una persona con TOC puede tardar más de 10 años en pedir ayuda, muchas veces por desconocimiento de que lo que le está pasando es una condición que tiene tratamiento.

    A mí me tomó  casi 8 años llegar a una profesional capaz de tratarme, y un total de casi 10 años para sentir que podía salir adelante. A veces no puedo creer que sigo aquí. 
    Escribiendo esto no puedo evitar pensar en todas esas veces que creí que no había futuro, donde me sentía tan ahogada por mi misma que hasta el sol de verano, las mariposas y el mar me hacían sentir culpable de apreciarlos. Todas esas veces que me abrí los ojos en la mañana para ir al colegio, la universidad o el trabajo y lloraba en la locomoción colectiva, en medio de mis responsabilidades o escondida en los baños.

    No soy muy de hablar de mis problemas. Todo esto empezó a los 15 y me tomó casi 5 años pedir ayuda. Desde entonces podría contar con los dedos de una mano a las personas con las que he sido honesta respecto a mi situación. E incluso hasta el día de hoy no me siento cómoda hablando este tipo de cosas más allá de un “no me siento bien”.

    Pero quería escribir esto. Porque quizás hay una niña como yo en este momento buscando en internet cosas como yo hace 10 años. “¿Por qué tengo estos pensamientos?”, “¿Por qué me siento culpable de mis pensamientos?”, “¿Qué significa que pensé que…”, y quizás necesite leer esto. 
    Me diagnosticaron Trastorno Obsesivo Compulsivo y depresión hace un par de años. No están seguros cuál gatillo cuál, pero por mucho tiempo coexistieron conmigo. 

    Quizás no pueda decirte cómo solucionarlo, ni cuándo ni si alguna vez si quiera se irá por completo. La única certeza que puedo escribirte es la misma que me dieron mis psicóloga y psiquiatra: vas a estar mejor.
     
    A mi me tomó unas 5 psicólogas distintas, y unos 4 psiquiatras durante 3 años de búsqueda. Muchas lágrimas, gritos y patadas. Y aunque sé que si dejo de lado mi tratamiento farmacológico y/o no practico mis herramientas de Exposición y Prevención de respuesta puedo recaer. Incluso aunque no lo deje de lado. Estoy tranquila, porque sé que es posible volver a sentirse mejor… normal… llevar una vida.
    Mis terapeutas en su momento fueron las primeras en enseñarme a tener compasión conmigo. El TOC y la depresión, tanto por separado pero especialmente juntos, son condiciones incapacitantes, y toma una fuerza más allá de la voluntad sobrevivirlo, pero con la ayuda adecuada es posible. 

    Hablarlo con otras personas muchas veces es difícil y muy vergonzoso. Hay mucho desconocimiento y estigma. La gente aún cree que tener TOC es ser perfeccionista, limpio y ordenado, cuando en realidad no tiene que ver con eso, sino con las condiciones y consecuencias que nuestra mente nos hace creer si no cumplimos sus exigentes condiciones, que nos llevan a las compulsiones. 

    Pienso ahora en todo el tiempo que perdí realizando compulsiones sin sentido, atrapada totalmente en mi mente, intentando responder dudas exageradas (los gran “y si…” que tanto conocemos quienes luchamos contra esta condición). Y podría quedarme aquí durante largos párrafos escribiendo sobre mis sub-tipos de toc, y distintas experiencias, también podría dedicarme a explicar en detalle la condición, pero no soy psicóloga, y si están buscando reaseguración tampoco les haría muy bien…  hay miles de blogs hechos por profesionales que pueden explicarles mejor que yo. Hoy solo quiero dejarles algo claro: pueden vivir una mejor vida. 

    No importa lo que les diga su cabeza, los pensamientos intrusivos, las imágenes horribles, o las dudas. No importan los síntomas que en este momento sientan en su pecho, o la desesperanza, o el agotamiento. Sean los suficientemente fuertes para vivir otro día, buscar a un profesional capacitado en Exposición y Prevención de Respuesta (EPR) y encontrar el camino para recuperar la vida que se les ha arrebatado. 

    Yo sé que no siempre va a ser lindo, la exposición es agotadora y muchas veces aterradora. También muchas veces van a sentir que nada tiene sentido… hasta que un día todo lo hace. Y si bien los pensamientos, y la necesidad de completar compulsiones vuelven de vez en cuando, pueden aprender las herramientas para volver a tomar el control de sus circunstancias. 

    Yo no les puedo hablar como psicóloga, no lo soy y no tengo intención de serlo. Les escribo como una paciente más, que va a volver a terapia las veces que sean necesarias, porque me niego a vivir en el circulo vicioso de los pensamientos intrusivos y los rituales. Y espero que ustedes se sientan lo suficientemente valientes para tomar ese camino, o incluso si no se sienten así (yo misma muchas veces no me creí capaz), pero que de todas formas lo hagan.

    Háganlo con miedo, con duda, sin certezas. Pero avancen en esa dirección. 

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    5 continentes, 10 álbumes, 17 años de carrera y todos mis ahorros. A finales del 2024, Después de 1 año y 9 meses, terminó el The Eras Tour, uno de los shows en vivo más exitosos de la historia del entretenimiento.

    Luego de haber cancelado su sexto tour, “Lover Fest”, por la pandemia de Covid-19, The Eras Tour trajo en 2023 de vuelta a los escenarios a Taylor Swift, no solo con espectáculo impresionante, sino también con la gira más recaudadora de todos los tiempos (y posteriormente la película de un concierto más taquillera).

    Taylor (y me voy a dar la libertad de hablar de ella por su primer nombre porque esa noche de noviembre en Argentina fuimos las amigas más íntimas) se embarcó en este viaje el 18 de marzo de 2023, en Glendale, Arizona y lo finalizó el 8 de diciembre de 2024, en Vancouver, Canadá, cumpliendo casi 2 años en gira ininterrumpida.

    The Eras Tour se convirtió en un fenómeno de la cultura pop que unió -principalmente- a chicas de todas las edades, y desde todos los continentes. En mi caso particular, me llevó a viajar hasta Argentina (país vecino) en bus para poder vivir uno de mis sueños de toda la vida. Y, por supuesto, llevé mi cámara para registrar lo más que pudiera de mi experiencia swiftie ♥

    Resumen de mi experiencia en The Eras Tour.

    Y es un tanto curioso, porque yo hasta hace unos años no era una persona de conciertos (hoy realidad muy distinta), pero cuando me enteré que Taylor Swift haría una gira mundial con los mayores éxitos de su discografía yo simplemente dije: no hay forma de que me pierda este evento histórico. 

    En ese momento claro que no se habían revelado las fechas para Latinoamérica, pero yo ya estaba decidida. Una vez se revelaron los destinos, que solo incluyeron México, Argentina y Brasil (¿Todas mis amigas chilenas recuerdan ese fatídico día?), mantuve la calma. De alguna forma u otra lo lograría. Dedique mi tiempo a juntar el dinero necesario solo para el boleto. Para ese entonces yo estaba ejerciendo mi profesión de periodista en mi primer trabajo formal, sin embargo, el día que salieron a la venta las entradas no tuve nada de suerte. Ni siquiera avanzó mi turno en la fila virtual cuando ya se habían agotado.

    No obstante, nuevamente no perdí la calma. Les juro que estaba convencida de que las cosas funcionarían y yo estaría ahí, en el estadio del River, aunque fuera en última fila. Tan solo unas semanas después, un compañero de trabajo que había entrado hace poco (y que hoy es un amigo), me dijo que una de sus amigas había comprado una entrada extra por error de la plataforma y necesitaba venderla lo antes posible.

    Cancha frontal izquierda. Nunca voy a olvidarlo. 

    La vista del River al entrar a cancha pasadas las 6 de la tarde.

    Uno de los boletos más caros.  En ese momento ni siquiera reflexioné, pedí sus datos y le deposité (una cantidad de dinero que no revelaré porque jamás le voy a decir a mi papá cuánto gasté). Un par de meses más tarde, (¿5, quizás?) estaba subiéndome un bus para pasar cerca de un día entero rumbo a Buenos Aires.

    Claro que no sola. A pesar de tener 23 años, una siempre va a ser la niñita de sus progenitores, así que mi papá juntó su plata y, yo creo que sin pensarlo mucho, se embarcó conmigo en la aventura.

    El primer y segundo día tuvimos la suerte de salir a conocer la ciudad, a pesar incluso de la lluvia. Comimos rico y sacamos algunas fotos. Lo lindo de viajar con papá es que te consienten mucho y no hay que estar a cargo de nada, bueno, mi labor al menos era pedir los uber, jaja.

    A todo esto, mi concierto era la tercera fecha original, así que la lluvia no fue un impedimento para mí, pero sí para muchas de mis compañeras de bus y hotel (Sin embargo, hasta donde sé, todas lograron cumplir su sueño trasandino). Mi psicóloga incluso me mandó un correo para saber si estaba bien dentro de todo, fue muy lindo (Silvana eres lo máximo, me salvaste la vida muchas veces).

    La tercera y última jornada en Buenos Aires, con mi papá nos levantamos temprano para aprovechar el desayuno (que fue su parte favorita) y luego aprovechamos la mañana para recorrer un poquito más. Comimos pizza, si no mal recuerdo y por supuesto pasamos a la gran librería Ateneo, donde mi papá se lució con sus habilidades de fotógrafo. No compramos nada ahí, pasamos por otras librerías y disqueras más pequeñas, y claro que llevamos algunos libros de autoras argentinas y uno que otro cd que faltaba en mi colección de Taylor. También un regalo para mi hermana, que encargó algo de Lana del Rey. Tipo 5 de la tarde tomamos un uber y mi papá me dejó en la entrada del estadio para luego seguir dando algunas vueltas y devolverse al hotel.

    Acierto fotográfico de mi papá en la librería Ateneo.

    Al concierto entré sola. Si no me equivoco, fue la primera vez en mi vida que hacía algo así por mi cuenta. Al comienzo fue un poco triste, por supuesto que me habría encantado vivir la experiencia swiftie con alguna de mis amigas, pero tampoco me arrepiento de haber ido de todas formas. Es más, Desde el concierto me he animado a hacer más cosas sola… ir a cafés, a cines, e incluso a otros conciertos. Y me he encariñado de mi soledad. Me olvido de demostrar que estoy pasando un buen rato, y solo experimento el momento.

    Esperé que empezara el concierto e incluso tuve tiempo de conversar con un dúo paraguayo muy simpático, que me regaló un hermosos brazalete que aún tengo (Lu y Enzo, los recuerdo jaja). Pude también tomarle fotos a algunas chicas viviendo, ya saben, la experiencia swiftie.

    Intercambio de Friendship bracelets.

    Una vez salieron los teloneros (Louta y Sabrina Carpenter) intenté acercarme lo que más pude a la valla… no llegué muy lejos, pero definitivamente más cerca de lo que siempre soñé. Una vez comenzó el show de Taylor quise aguantar lo más posible, que fue quizás 1/3 del concierto (increíble). Luego me empecé a agobiar, asfixiar y desesperar, así que entre empujones y caras de disgusto escapé de la multitud. En el resto de la cancha había un montón de espacio libre, y regalaban agua tibia, que sirvió para reponerme. En lo que quedó de concierto bailé a mi ritmo y canté muy fuerte. Lloré un poco en algunas canciones.

     Long Live.

    Cómo podrán adivinar por el título. En 2023, gracias al lanzamiento de "Speak Now Taylor's Version", Long Live se convirtió en mi canción favorita, y la primera vez que la cantó en el tour como surprise song no podía creer que no iba a vivirla en vivo. Meses después, cuando me enteré que la añadió al set list mi alma me volvió al cuerpo.  Enchanted, por supuesto, también me puso la piel de gallina. Una vez incluso escribí un fanfic de mi pareja favorita de toda la vida con esa canción, jaja,  (¿conté alguna vez que yo solía escribir fanfics?).

    Dos chicas que aceptaron una foto, ¡Lamento que haya salido corrida!

    En un momento una desconocida incluso me tomó la mano porque adentro realmente todas éramos amigas. Y al terminar el show me quedé varios minutos mirando al vacío sin creer todo lo que había pasado. Unos 20 minutos luego salí corriendo porque recordé que mi bus a CHILE se iba directo del estadio de regreso a mi país, pero logré llegar. Muerta.

    Mi papá tenía las maletas listas y cargó un poco mi celular mientras esperábamos. El bus se iba a demorar más o menos un día entero en llegar hasta Valparaíso, y me lo dormí todo, menos las paradas a comer al menos jaja.

    Al volver me tomó un par de semanas volver a organizar mi vida. Todo durante los últimos meses había girado en torno al tour, así que fue una adaptación extraña.

    Luego compré entradas para otro concierto en Chile y volví a sentirme yo.

    Escribiendo esto, me di cuenta de lo mucho que valoro haber vivido el viaje junto a mi papá. Me sorprende un poco que se haya motivado, pero se lo agradezco demasiado. Creo que nunca habíamos tenido la oportunidad de tener un viaje papá-hija así… ojalá podamos repetirlo, aunque a mi papá no le gustan los conciertos. Jaja.

    De vez en cuando aún me pregunta cuánto gasté en la entrada. La duda lo mantendrá joven.

    Ahora cuéntenme ustedes, ¿pudieron vivir en vivo la experiencia swiftie? ¿Les gusta ir a conciertos?,

    Gracias a todas las chicas que me escribieron por privado en el último post, son lo más ♥

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    Hace una semana exactamente cumplí 25 años (una edad gigante a mi parecer). Venía pensando en este cumpleaños hace unos 5 meses. No sé bien por qué. Desde los 16 años que no me entusiasmaba tanto celebrar estas cosas, porque dada la volubilidad de mi salud mental era muy probable que cancelara todo a último momento y no disfrutara nada. El cambio en mis medicamentos y mi nueva disposición a sentirme bien influyeron mucho este último año, así que decidí organizar algo lindo y simple, lo que me dejó algunas reflexiones que me gustaría compartir ♡.

    Hace 10 años, cuando cumplí los esperados (y tan trágicos) 15 años, recuerdo que mi mamá me dijo "yo lo único que sé es que entre los 15 y los 20 la vida se te pasa volando". Yo, obviamente, creía que estaba exagerando, porque personalmente la vida se me hacía eterna a mi corta edad. Pero hoy, con mis 25 años, puedo decir que es cierto, después de los 15 todo es un par de pestañeos. Lo que me es curioso, porque hubo un tiempo  en que ni siquiera pensé llegar más allá de los 18. 

    Eso es algo común entre personas que crecieron con -digamos- diagnósticos psicológicos (en mi caso sin tratamiento hasta los 20), la incapacidad de poder proyectarse a futuro. Pero de alguna forma u otra, lo hice. Terminé mi primera carrera, tuve mis primeros contratos, dejé ir y encontré nuevas amistades, y hoy con un poco más de tiempo libre, me he dedicado a todas esas cosas que no tuve tiempo de hacer antes, concentrada en sobrevivir. 

    A raíz de eso, hace un tiempo le dije a una amiga que últimamente me he sentido muy conectada con mi yo de niña. He retomado hobbies, e incluso incursionado en algunas cosas que siempre me parecieron imposibles para alguien como yo. Y se ha sentido particularmente bien. A pesar de que ando corriendo para todos lados, y a veces extraño no hacer nada, me siento muy plena. Mantenerme así de ocupada me ha ayudado a sentir que aún me queda tiempo en la vida para hacer todo lo que quiero, y que no todo está perdido por no haber aprovechado al 100% mi adolescencia. 

    Hay cosas que parecen tonterías, como el hecho de que hoy en día me avergüenza menos sacarme fotos, y que comparto más de las cosas que me hacen sentir orgullosa. También hay cosas pequeñas que se sienten gigantes, como es que durante los últimos 10 años hemos peleado mucho menos con mi hermana (jaja), o que comencé a tomar clases de baile, dibujo e idiomas. Incluso tuve mi primera presentación con mi profesora de música. Todas esas cosas hoy las celebro, porque hubo un tiempo en que solo pensaba que la gente se iba a reír de mi por intentarlo, y no me daba la oportunidad de hacer las cosas, ni siquiera por hacerlas bien, eso ya no me importa, sino por pasar un buen momento.

    Hoy disfruto más los buenos momentos. Salir a caminar, ir a estirarnos a una plaza a tomar sol, cantar a todos pulmón, pintar acuarelas, tomar un té o un jugo natural. Así que el pasado miércoles reuní a la mayoría de mis mejores amigos en un parque cerca de mi casa, compré una torta (exquisita, por lo demás) y algunos snacks sin gluten (mi nueva realidad) y los puse a conversar. No si ellos lo sabrán, pero me hicieron completamente feliz. 

    Años anteriores, y especialmente desde que empecé a sobrevivir mi TOC, cada cumpleaños, a cada diente de león y a cada pestaña que encontraba les pedía el mismo deseo: sentirme bien. Este año no fue la excepción, pero de todas formas me di el lujo de pedir los 2 deseos restantes al soplar las velitas. 

    En fin, espero que este nuevo comienzo sea la oportunidad de recobrar todo lo que hecho de menos. Amistades, hobbies, estudios... Quién sabe, yo solo intento mantenerme optimista ♡.

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    ¿Qué quieres de mí?

    No me queda sangre en las venas

    Aire en los pulmones

    Ni sal en las lagrimas que quiero llorar.


    Que no puedo llorar.


    Porque te llevas todo

    todo lo bueno

    ¿y todo lo malo? 

    Te odio por eso

    pero por sobre todas las cosas

    por hacerme creer que no tengo nada sin ti


    Porque qué soy yo sin ti para cuestionarme

    para buscar las respuestas que no existen

    a tus preguntas malintencionadas.

    Nada que pueda decir va a satisfacerte.

    ¿Qué tanto quieres de mí?


    Discutir contigo es faltarle el respeto al tiempo.

    Tiempo que no tengo porque se me arranca la vida.

    Vida que me sobra si me quedo pensando.

    Pensando cómo hacerte entrar en razón. 

    Razón que pierdo con cada una de tus ideas.

    Idea no tenía la primera persona que me dijo que solo me olvidara de ti.

    A ti. A ti te hablo.

    ¿Cuándo va a ser suficiente de mi?


    Ya no te soporto y aún así no puedo dejarte ir.

    La verdad tampoco va a salvarte.

    Tus mentiras se atan de manos y pies.

    Qué ironía.

    Quizá eres incluso menos libre que yo.

    cautivo a tus patéticas dudas

    y certezas que me has dejado ninguna

    salvo que

    yo ya tuve suficiente.

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    Si caleidoscopio fuera una constelación, caleidoscopii sería su genitivo. Aquí escribo como en mi diario.

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