Un par de pensamientos optimistas en el tratamiento para el Trastorno Obsesivo Compulsivo (Mes Internacional de Concientización del TOC)

octubre 23, 2025

 Cuando comencé a escribir esto mi vida era un tanto distinta a lo que estoy experimentando ahora. Eso fue en enero, a pocos días de que se llevara a cabo el día de la “lucha contra la depresión”. Curiosamente justo durante esa jornada, volví a ver a mi psiquiatra después de más de un año sin habernos visto, más o menos el mismo tiempo en que mi psicóloga me dió el alta (no estoy segura si fui a esa última sesión, pero ya lo habíamos hablado) de mi tratamiento por Trastorno Obsesivo.


Esta nueva reunión fue distinta. A diferencia de cómo me conoció Carolina, esta vez no estaba llorando desesperada, ni afónica, ni desesperada por terminarlo todo. Desde hace ya bastante tiempo que había notado que esa última combinación de antidepresivos había estado funcionando, y aunque siempre da miedo decir que una se “siente feliz”, puedo decir con bastante seguridad que en ese momento no estaba ni un poco cómo era años anteriores. Y eso, después de tanto tiempo mal y confundida, y genuinamente sufriendo, fue algo nuevo para mí. 

En septiembre, sin embargo, tuve algún tipo de descompensación, y hoy nuevamente estoy con apoyo de mi psicóloga y de un medicamento (lo cuál se sigue sintiendo como una victoria, comparado a los cuatro o cinco de los que dependí en algún momento). La vida es una montaña rusa, ¿no? Y ningún proceso es lineal. 

Pienso que quizá por eso últimamente me he sentido más cercana a la niña que fui hace unos 10 años. Me he inscrito a talleres para hacer multitud de actividades que siempre quise hacer y nunca tuve, entre tanta tristeza y desesperanza, la oportunidad de atreverme. 

He empezado a cantar, a bailar, a hacer ejercicio, a dibujar y pintar, a escribir. Incluso mi trabajo me apasiona más que hace un año. He vuelto a estudiar también, y esa es una de mis cosas favoritas. También he empezado a pasar menos tiempo en la cama, y más con mi familia y amigos. 

Todo esto a pesar que he desarrollado un montó de problemas de salud que hacen que me canse más rápido y tenga menos energía. Supongo que la determinación mental es un poco más fuerte que el cuerpo. Por eso es tan importante contar con las herramientas para tratarse. 

Hoy, al igual que en enero, siento nuevamente que estoy retomando las riendas de mi vida, pero también sé que no estaría aquí, en estas condiciones y con esta disposición si no fuera por el largo camino que he recorrido luchando contra el trastorno obsesivo compulsivo. 

A raíz de eso, volví a terminar de escribir este texto. Octubre es el mes internacional de la concientización del TOC, una enfermedad mental que en muchos casos llega a ser incapacitante para desarrollar una vida normal. Según expertos una persona con TOC puede tardar más de 10 años en pedir ayuda, muchas veces por desconocimiento de que lo que le está pasando es una condición que tiene tratamiento.

A mí me tomó  casi 8 años llegar a una profesional capaz de tratarme, y un total de casi 10 años para sentir que podía salir adelante. A veces no puedo creer que sigo aquí. 

Escribiendo esto no puedo evitar pensar en todas esas veces que creí que no había futuro, donde me sentía tan ahogada por mi misma que hasta el sol de verano, las mariposas y el mar me hacían sentir culpable de apreciarlos. Todas esas veces que me abrí los ojos en la mañana para ir al colegio, la universidad o el trabajo y lloraba en la locomoción colectiva, en medio de mis responsabilidades o escondida en los baños.

No soy muy de hablar de mis problemas. Todo esto empezó a los 15 y me tomó casi 5 años pedir ayuda. Desde entonces podría contar con los dedos de una mano a las personas con las que he sido honesta respecto a mi situación. E incluso hasta el día de hoy no me siento cómoda hablando este tipo de cosas más allá de un “no me siento bien”.

Pero quería escribir esto. Porque quizás hay una niña como yo en este momento buscando en internet cosas como yo hace 10 años. “¿Por qué tengo estos pensamientos?”, “¿Por qué me siento culpable de mis pensamientos?”, “¿Qué significa que pensé que…”, y quizás necesite leer esto. 

Me diagnosticaron Trastorno Obsesivo Compulsivo y depresión hace un par de años. No están seguros cuál gatillo cuál, pero por mucho tiempo coexistieron conmigo. 

Quizás no pueda decirte cómo solucionarlo, ni cuándo ni si alguna vez si quiera se irá por completo. La única certeza que puedo escribirte es la misma que me dieron mis psicóloga y psiquiatra: vas a estar mejor. 

A mi me tomó unas 5 psicólogas distintas, y unos 4 psiquiatras durante 3 años de búsqueda. Muchas lágrimas, gritos y patadas. Y aunque sé que si dejo de lado mi tratamiento farmacológico y/o no practico mis herramientas de Exposición y Prevención de respuesta puedo recaer. Incluso aunque no lo deje de lado. Estoy tranquila, porque sé que es posible volver a sentirse mejor… normal… llevar una vida.

Mis terapeutas en su momento fueron las primeras en enseñarme a tener compasión conmigo. El TOC y la depresión, tanto por separado pero especialmente juntos, son condiciones incapacitantes, y toma una fuerza más allá de la voluntad sobrevivirlo, pero con la ayuda adecuada es posible. 

Hablarlo con otras personas muchas veces es difícil y muy vergonzoso. Hay mucho desconocimiento y estigma. La gente aún cree que tener TOC es ser perfeccionista, limpio y ordenado, cuando en realidad no tiene que ver con eso, sino con las condiciones y consecuencias que nuestra mente nos hace creer si no cumplimos sus patéticas condiciones, que nos llevan a las compulsiones. 

Pienso ahora en todo el tiempo que perdí realizando compulsiones sin sentido, atrapada totalmente en mi mente, intentando responder dudas exageradas (los gran “y si…” que tanto conocemos quienes luchamos contra esta condición). Y podría quedarme aquí durante largos párrafos escribiendo sobre mis sub-tipos de toc, y distintas experiencias, también podría dedicarme a explicar en detalle la condición, pero no soy psicóloga, y si están buscando reaseguración tampoco les haría muy bien…  hay miles de blogs hechos por profesionales que pueden explicarles mejor que yo. Hoy solo quiero dejarles algo claro: pueden vivir una mejor vida. 

No importa lo que les diga su cabeza, los pensamientos intrusivos, las imágenes horribles, o las dudas. No importan los síntomas que en este momento sientan en su pecho, o la desesperanza, o el agotamiento. Sean los suficientemente fuertes para vivir otro día, buscar a un profesional capacitado en Exposición y Prevención de Respuesta (EPR) y encontrar el camino para recuperar la vida que se les ha arrebatado. 

Yo sé que no siempre va a ser lindo, la exposición es agotadora y muchas veces aterradora. También muchas veces van a sentir que nada tiene sentido… hasta que un día todo lo hace. Y si bien los pensamientos, y la necesidad de completar compulsiones vuelven de vez en cuando, pueden aprender las herramientas para volver a tomar el control de sus circunstancias. 

Yo no les puedo hablar como psicóloga, no lo soy y no tengo intención de serlo. Les escribo como una paciente más, que va a volver a terapia las veces que sean necesarias, porque me niego a vivir en el circulo vicioso de los pensamientos intrusivos y los rituales. Y espero que ustedes se sientan lo suficientemente valientes para tomar ese camino, o incluso si no se sienten así (yo misma muchas veces no me creí capaz), pero que de todas formas lo hagan.

Háganlo con miedo, con duda, sin certezas. Pero avancen en esa dirección. 


You Might Also Like

0 comentarios